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Dicen que a cierta edad las mujeres nos hacemos
invisibles, que nuestro protagonismo en la escena de la
vida declina y que nos volvemos inexistentes para un
mundo en el que solo cabe el ímpetu de los años jóvenes.
Yo no se si me habré vuelto invisible para el mundo, es
muy probable, pero nunca fui tan consciente de mi
existencia como ahora, nunca me sentí tan protagonista
de mi vida, y nunca disfruté tanto de cada momento de mi
existencia.
Descubrí que no soy una princesa de cuento de hadas,
descubrí al ser humano que sencillamente soy, con sus
miserias y sus grandezas.
Descubrí que puedo permitirme el lujo de no ser
perfecta, de estar llena de defectos, de tener
debilidades, de equivocarme, de hacer cosas indebidas,
de no responder a las expectativas de los demás. Y a
pesar de ello.... ¡quererme mucho!
Cuando me miro al espejo ya no busco a la que fui...
sonrió a la que soy...
Me alegro del camino andado, asumo mis contradicciones.
Siento que debo saludar a la joven que fui con cariño,
pero dejarla a un lado porque ahora me estorba.
Su mundo de ilusiones y fantasía, ya no me interesa.
¡Qué bien vivir sin poner el listón tan alto!
¡Qué bien no sentir ese desasosiego permanente que
produce correr tras los sueños!
¡Qué bien haberme dado cuenta de esto ahora, que tengo
total plenitud, para poder disfrutar de cada momento de
la vida con absoluta intensidad!
El camino hasta aquí no fue fácil. Pasé momentos de
mucha amargura, de soledad, de decepciones.
También descubrí el verdadero amor y la verdadera
felicidad, que está compuesta de breves momentos
pero que son inapreciables.
Cada paso que di me ayudó a madurar, a ser la que soy
hoy. Por eso no me quejo de las malas experiencias y
atesoro las buenas con inmenso amor y agradecimiento.
Me di cuenta que la vida es un conjunto de experiencias,
para ser apreciadas y no sobrevividas.
A todo aquel que lea esta columna le deseo, de todo
corazón, que sea feliz consigo mismo y con los que ama.
Que no pierda el tiempo con las vanidades de las modas,
porque lo que realmente vale está dentro de uno en todo
momento y la verdadera belleza se ve en el espejo cuando
lo bello está en la mirada. Que sea protagonista de su
vida y tome las riendas de una vez por todas, aunque
esto signifique romper con ciertos moldes o ciertas
personas que nos hacen mal. Y que disfrute de todos los
buenos momentos que le toquen vivir, por muy pequeños o
insignificantes que parezcan porque es de esos momentos
con los que se alimenta el alma.
Cada dia que vivimos es una ocasión
especial.
¡Que tengan una buena vida! |
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