| |
Cuando los nubarrones de tu corazón, no dejan que los
latidos sean claros y contundentes, cuando las lagrimas de
tus ojos resbalan por tus mejillas y notas ese frío intenso
que recorre tus labios, cuando suena esa música que no
lograbas oír nunca, y te das cuenta que oyéndola, la
tristeza se apodera de tu ser y no te deja sonreír, cuando
el amor que creías haber alcanzado y el silencio se hace a
tu alrededor dejándote entrever que no es más que un sueño
no terminado y cuando sobre todo, caminas entre hojas
muertas y te das cuenta que ya empiezas a formar parte del
paisaje, entonces es cuando todos tus sentimientos se
convierten en pesadillas que te persiguen allá donde tu vas,
en ese momento empiezas a descubrir la soledad, la angustia,
la indiferencia de una vida, que no te pertenece, te sientes
atrapado en una cárcel sin barrotes, sin nadie que la
custodie, sin ni siquiera un lugar donde poder ir, si logras
escapar.
Hay momentos en la vida, en que todo se te viene abajo, que
todos tus sueños e ilusiones juegan contigo, te hacen
sentirte inútil sin más, nunca ves la luz. Ni siquiera el
sol consigue que tus ojos despierten te sumerges en el
letargo de los deseos, y vives de los recuerdos, si esos
recuerdos que ya no sirven mas que para derramar lagrimas
secas, lagrimas que no consiguen transmitir todo el amor,
que antes llevaban en si, pero siempre hay un momento, un
segundo, o una eternidad, en la que puedes encontrar esa
escapatoria, esa salida que un jinete negro te viene
anunciando, desde la oscuridad del valle donde te
encuentras, el valle donde almacenas tus recuerdos, tus
pensamientos, tus emociones, ese valle lleno de lágrimas,
donde nuestro corazón reposa cansado y malherido de tanto
latir sin condición alguna de haberlo hecho correctamente.
Hay momentos en la vida, momentos que nuestros labios hablan
por nosotros, que los labios de los demás dicen las palabras
perdidas de los nuestros. Hay momentos en que ya no quedan
palabras.
Jaime Miralles Serrano |
|