| |
Rumores que
llegaron a mis oídos, me dejaron muy pensativa y confundida.
Decían que mi vecino que vivía a tres casas de la mía, había
desaparecido de la manera más extraña. Según cuentan, luego
de haber meditado sobre las pistas dejadas por aquel hombre,
antes que también desaparecieran, llegaron a la conclusión
de que todo comenzó, cuando el Sr. Smith, tomando whisky en
la sala de su casa, ve por el espejo de la pared de la sala,
que se le acerca una mujer anciana que llevaba en sus manos
una cuerda corta. La anciana había supuestamente salido de
la nada y no existía explicación alguna de cómo hizo para
entrar allí, sin las llaves. Aparentemente la desconocía.
El espejo se encontraba enfrente del sillón, donde se
hallaba él bebiendo su whisky, así que seguramente la
anciana se le iba acercando por la espalda a traición.
El hombre volteó rápidamente, para sorprenderla in fraganti,
pero asombrosamente no vio a nadie, así que se levantó de
aquel sillón y sacando del bolsillo un revolver, se puso en
plan de búsqueda, pero no la encontró. Debido a eso pensó
que sólo era su mente, por haberse pasado de copas y decidió
volver al cómodo sillón a descansar.
Al ponerse ya cómodo, la ve de nuevo, pero éste decide mejor
ignorarla y cierra sus ojos. Al poco tiempo de haberlos
cerrado, siente un gran escalofrío que le eriza la piel y es
cuando esta sensación le obliga a abrirlos nuevamente.
Cuando los abre, finalmente la ve por tercera vez ya
bastante cerca de él y se asusta. La mujer anciana de mirada
malévola que tensaba y aflojaba la soga, cada vez más se
aproximaba a su víctima. Pero el Sr. Smith, cuando volteaba
para verla de frente no la encontraba, solo le era posible
verla si la veía a través del espejo.
Ya justo detrás, se le abalanza. El respaldo de aquel sillón
no era muy alto y eso le facilitaba la cosa a la anciana,
que sin pensarlo dos veces le pasó la soga por el cuello
para empezar a ahorcarlo.
Lo cierto es, que el hombre no sentía que lo estuviesen
matando, ni mucho menos que la cuerda le estuviese quemando
el cuello; él sólo era testigo de cómo la malvada abuela,
asesinaba a su reflejo. Smith en ese momento sintió una gran
desesperación, por ver cómo mataban a alguien que a su
parecer era él mismo… y no se equivocaba. Se incorporó de
donde estaba y comenzó a golpear el espejo, pero no logró
nada con eso y su reflejo terminó por morirse. Luego de
haber logrado su propósito, la anciana que se encontraba
dentro del espejo, un mundo paralelo al nuestro; se marchó,
adentrándose cada vez más en el espejo, dejando de estar en
primera plana, para quedar sólo de ella un punto, que luego
se hizo casi imperceptible, hasta que desapareció por
completo, quedando sólo en el espejo, el cadáver de su
reflejo.
Smith, entonces, comienza a moverse de aquí para allá, para
ver si su reflejo lo sigue, como es de costumbre que haga,
pero éste aún yacía sin vida en aquel sillón de la sala.
Entonces éste, se cansó de toda esa locura y decidió irse de
una vez por todas a descansar, pero esta vez a su cama, allí
dormiría más cómodo y tranquilo. Seguramente era una ilusión
ocasionada por el alcohol.
Al despertar se dirigió al baño, para lavarse los dientes.
Pero cuando se puso la pasta en el cepillo y quiso luego
mirarse al espejo, asombrosamente su imagen reflejada en el
espejo no estaba. Era como si ya él fuese un fantasma.
Por su puesto, éste se asustó y salió del baño directo a la
sala; para corroborar lo que sospechaba y efectivamente
halló lo que nunca hubiese querido hallar. Pues encontró a
su reflejo, aún muerto en el sillón. Al parecer no había
sido una ilusión y mucho menos un sueño.
Quiso huir de la casa, huir lejos, no sin antes escribir una
nota a sus familiares, que sirvió luego, para llegar a la
verdad y poder luego rehacer los hechos. Esta decía:
“Me asesinaron el reflejo, la anciana del espejo lo hizo con
la soga. No sé que va a pasar conmigo ahora, me voy por
temor a seguir yo en su lista, no sé que le hice, tampoco la
conozco. Al principio creí que alucinaba, por eso me fui a
la cama. Escribo esto, por si ya no me encuentran.”
Luego de escribir la nota, le puso encima el vaso de whisky
y huyó. Como no tenía vehículo, se marcharía en bus, así que
cruzó la calle hacia la parada de buses, que le quedaba al
frente de su casa. Cuando de repente un carro que iba
retrocediendo, no lo vio por el retrovisor y si no fuera
porque él mismo gritó: ¡Cuidado… Lo matan. El hombre corrió
deprisa el tramo que le faltaba por hacer, para llegar a la
parada y allí se detuvo a esperar el autobús.
No tenía pensado huir para algún sitio en especial, así que
tomaría el primero que llegase sin importar su destino. Pues
sólo quería marcharse de ese lugar tan espantoso. Pero la
espera se hizo eterna y el señor Smith, comenzaba a sentirse
mal.
De repente tanteó sus piernas y no las sintió. ¿Las tendría
entumecidas de tanto esperar sentado? Entonces se levantó y
se dio cuenta que sus piernas le faltaban, le habían
desaparecido. Estaba flotando en el aire.
También sus manos comenzaban a desvanecerse, pues se estaban
transparentando, como seguramente le debieron pasar a sus
piernas, antes de esfumarse por completo. Pero antes de que
ocurriera eso, sacó un bolígrafo para escribir en el banco,
algo salido de sus más profundos sentimientos:
“Estoy desapareciendo, me convertiré en recuerdos.”
Lo raro era, que la gente no prestaba atención a lo que a él
le ocurría y eso lo asustaba, la gente lo ignoraba y pasaba
junto a él como si nada, o mejor dicho, como si aquel ya no
existiese. Y es que si nos ponemos a pensar… no puede haber
un ser sin reflejo, porque lo que no se refleja es porque
simplemente no está.
Nathalie Ledo |
|