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"Durante el
viaje se canta y charlotea;
los islotes están frente a la costa,
más allá de la Isla, y el viaje es largo".
Knut Hamsum.
Al
doblar la curva del río, entre la espesura de hayas, hay una
gran piedra plana, redonda, semiroída en uno de sus cantos.
Sentado en ella, apoyado sobre la cagiga milenaria puede
contemplarse el río. El agua juega y arremolina espuma entre
los surcos de las rocas enmohecidas. Un hilo de luz se asoma
por el techo de hojas y, desde arriba, dibuja un arco iris
en la orilla, un manto multicolor que envuelve al hada del
arpa, que danza y deja bailar sus dorados cabellos al sol,
rodeada por un séquito de diminutos duendes, numerosos y
curiosos, que se acercan y rodean la gran piedra plana.
Algunos, de nariz arrugada, son feos y se esconden detrás de
los árboles. El más bello se acerca y mueve los labios. No
me habla, pero le escucho y, mientras se acompaña de suaves
movimientos y ademanes delicados, me explica que lo veo
porque soy niño. Se llama Particular, respondiendo a mi
pregunta y continúa explicándome que él es el duende que me
corresponde. Sí, de acuerdo al carácter de cada u no nos
acompaña uno u otro duende y, por un instante, suspiro
aliviado de que no sea uno de los que se ocultan tras las
peñas. Con gestos elegantes se da prisa en aclararme que no
somos niños siempre, que luego crecemos y es natural que así
sea, pero que perdemos el alma niña y nuestro espíritu queda
enturbiado por el tiempo. Después, un día, cuando contamos
el secreto desaparece finalmente el hechizo.
Aún resuena el eco del duende en mis recuerdos. A la entrada
del río, hoy, un cartel de grandes letras se anuncia: "Se
Vende Finca Particular"… Lleva ahí tantos años como los que
yo anduve fuera del hogar. Ahora sé que no existe riqueza
alguna capaz de comprar lo que ese bosque esconde. Y si lo
hubiera, andaría igualmente sobrado de ignorancia al
desconocer el verdadero valor de tesoro tan incalculable.
…Hoy espero al otro lado del puente y, desde la orilla, a
veces veo llegar algún niño que regresa por el camino
vecinal, junto al río. No parecen ni tristes ni alegres… Son
sólo niños, verdaderos niños que el río contempla a su paso.
Luis Tamargo |
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