| |
Érase una vez un universo oscuro, un universo negro, un
universo helado y matemático.
No se sabe por qué, dos estrellas se miraron y se
enamoraron. Tan grande y hermoso fue su amor que dejaron de
describir infalibles órbitas elípticas para dibujarse
tiernos corazones entrelazados.
Se querían tanto..., pero la distancia era grande, y no
podían acariciarse ni besarse. ¡Si por un solo instante
pudieran estar juntas! Pero eso estaba prohibido en un
universo oscuro, en un universo negro, en un universo helado
y matemático.
Aun así no se resignaron a vivir separadas, alejadas por un
denso y silencioso vacío; así que decidieron quebrantar la
eterna ley del perfecto y ordenado universo. Con un cómplice
guiño se salieron de sus órbitas convirtiéndose en dos
estrellas fugaces, dirigiéndose a un mismo destino a la
velocidad del deseo y el cariño.
Tan solo querían besarse; sabían que ése sería su primer y
último beso, pero a pesar de ello continuaron vertiginosas
su sendero suicida..., hasta que se encontraron, fundiéndose
en un luminoso y bello abrazo de amor y de muerte. Fue el
precio tuvieron que pagar por quererse en un universo
oscuro, en un universo negro, en un universo helado y
matemático.
Ellas fueron las primeras, pero si alguna noche de verano,
mirando el cielo, ves una estrella fugaz, piensa que en
algún lugar hay otra, que están enamoradas, y que aunque
vivamos en un universo oscuro, en un universo negro, en un
universo helado y matemático, lograrán encontrarse, se
besarán por un instante nada más y desaparecerán entre
destellos de amor y ternura.
Oscar Paredes
Copyright © 2004 |
|