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Pasaba
sus días entre los cartones
rodeado asimismo de un basural
se alimentaba de los desperdicios
que le sobraban a la “sociedad ”.
Pero este indigente señor sin nombre
que debajo de un puente iba a descansar
tenía lo que no tienen los hombres ricos
afecto, ternura y un caudal de fidelidad.
Jamás se lo vio caminando solo
tenía un lazarillo llamado Tomás
no lo dejaba un solo instante
era su sombra hasta en la oscuridad.
Nunca necesitó de un bastón blanco
para que su ceguera pudiese demostrar
su perro era, el que lo conducía
al cruzar las calles de la gran ciudad.
Su cuerpo llagado ¡quien sabe por qué peste!
logró que fuera rechazado por la sociedad
solo su perro lamía sus heridas
única medicina que aliviaba su mal.
Hoy solo se ve a un perrito blanco, que
en un cementerio se lo puede encontrar
acostado siempre sobre una tumba NN
lamiendo una piedra fría ¡que fidelidad!. |
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