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Dulce refugio que celoso me protege
de las asechanzas del mundo exterior
de las tormentas que siempre amenazan
de todos los roces que me producen dolor.
Dulce resguardo que es solo mío
y que solo habita en mi ser interior
que me fortalece cuando lo demando
y hace feliz siempre a mi corazón.
Es pues la fe, la certeza de lo que espero
de las cosas que no veo, la convicción
la que renueva mi esperanza de vida
de la que se apropia a diario mi ser interior.
La fe es un cristal por donde se mira
que nada es imposible, si es voluntad de Dios.
Es navegar confiado en medio de un mar agitado
sabiendo que ella capitanea hasta un barco sin timón. |
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