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Vinieron ¡tantos! a
sacar agua
del aljibe de mi vida que éste se secó.
Un día la lluvia llenó su estanque
que en su reservorio nunca agua faltó.
Jamás se asentaron en su fondo los hongos
pues a medida que recibía, entregaba yo.
Cuando el amor de mi vida venía sediento
mi aljibe saciaba, su dulce pasión.
Los recipientes todos esparcidos
formaban un círculo a mi alrededor.
El rocío caía y de el yo bebía
como el maná del desierto que Dios envió.
Hasta los niños después de sus juegos
sedientos buscaban en mi interior
el oasis soñado que les satisficiera
reflejando sus rostros en su contemplación.
Desfilaron jóvenes, adultos, ancianos
y mi aljibe procuraba brindar lo mejor.
El agua mas pura, la más transparente
que no conociera la contaminación.
Hoy me doy cuenta pero es un poco tarde
que cuando uno en la vida todo entregó
se ha convertido solo en un depósito
vacío y triste porque todo lo dio.
Pero aún queda mi profundidad a la espera
de torrenciales lluvia que ya demandó.
Quiero ser de nuevo, un aljibe útil
donde el caminante refresque su interior.
Llena te pido Señor mi aljibe
que tus ríos bañen mi corazón.
Que cuando tu pases, cansado del camino
la que te refresque el alma, esta vez sea yo. |
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