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No quise saber tu
sexo
pero sabía que eras blanca.
Como pétalos de jazmines
que circundaban tu alma.
Cuando soñaba por las noches
imaginaba tu cara…
¿Tendrías los ojos claros?
y ¡tan límpidos! ¿como el agua?
Me embargaba una ternura
que no cabía en mi panza.
Y te acariciaba por fuera
¡Mi niña! mi florcita blanca…
Pero un día te marchitaste
y amanecí en una sala.
Donde también me rodeaban
personas con ropas blancas.
Solo que tú ya no estabas
cuando volví a acariciar mi panza.
Mi flor se había deshojado
y vacía quedó mi alma.
Ya no vives en la tierra
Vives en una ciudad “Santa”.
Y ¡que paz! que siento mi niña.
Que nada te manchó ¡sigues siendo blanca! |
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