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Desciende
el sol amarillo
como una gigante moneda
imponente se sumerge
y luego éste se acuesta…
Desierta queda la playa
y la brisa juega con las palmeras
una danza ¡tan privada!
Que tal vez nadie comprenda.
Espero sentada e inmóvil
que tal vez algo acontezca
¿será que en medio de ese rito
tú te me aparezcas?
Me acuesto yo también
sobre la tibia arena
y comienzan a aparecer en el cielo
los “caramelos de menta”.
Así van pasando las horas
en esta playa desierta
y mis pies se van mojando
cuando sube la marea.
Espuma de sal ¡tan blanca!
que me va bañando entera
y las gaviotas rasantes
hacia sus nidos vuelan.
El sueño me va venciendo
y ya mis ojos se cierran
la playa queda en silencio
pero me acunan sirenas.
Temo abrir los ojos
por si esta magia se quiebra
mi suspiro quiere pasear
pero mi boca lo encierra.
El brillo que hace momentos
acaramelaba la arena
transmuta de su color
con esta luna ¡tan bella!
Majestuosa e imponente
en esta gélida espera
que suntuosa trepa al cielo
por esta azul escalera.
Yo permanezco esperando
entre palmera y palmera
que en otro dulce ocaso
tu nave se me aparezca.
Y con las velas de gasas
a mi cuerpo tu lo envuelvas
levantándome en tus brazos
y quemándome en tu hoguera. |
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