|
|
Te exilié de
mi
amor,
a pesar de amarte tanto
porque no puedo vivir confinada al dolor
y vivir mis días regándolos con llanto.
Fue un exilio voluntario,
después de pensarlo tanto
al sentir que el sabor de tus fríos labios
habían perdido para mi todo su encanto.
Tal vez te preguntes ¿cuándo lo descubrí?
Y yo te contesto ¡hace tanto!
Que me confiné en los altillos y morí
al sentir que del pedestal se cayó el santo.
Hombre de carne, con los pies de barro
con tu doble “lenguaje” ¡me engañaste tanto!
que pedí perdón a Dios con verdadero quebranto
por haberte dado asilo y seguir tu pasión alimentando.
Tal vez otro amor de ti se esté apropiando
pero ese ostracismo en mi ser ya no cargo
de la patria de mi vida ¡fuiste expulsado!
Porque fue mi elección y debes aceptarlo. |
|