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LIBIA CARCIOFETTI

LA SILLA DE JUANCITO

 
  Tenía un nombre cortito
como la vida que Dios le dio
le llamaban Juan al pequeñito
y era un rayito de sol.
Su rostro resplandecía
al ser tratado con amor
solo emitía sonidos
nadie conoció su voz...

Su mamá lo tenía impecable
siempre en brazos lo cargó
nació paralítico y mudo
pero con sus ojitos habló.
Sentado siempre en su sillita
las piernitas que Juan adoptó
sujetado con fajas a ella
toda su vida pasó.

Para Anahí él era su mundo
lo besaba con unción
a ella él no le pesaba
al levantarlo nunca se quejó.
Vivían al frente de mi casa
y mamá ¡tantas veces se cruzó!
A llevarles un plato de comida
pues vivían solitos los dos.

Papá le compró zapatitos
y el los miraba con atención
al colocárselos abrió grande sus ojos
y me parece que el lo acarició.
Yo era muy niña y no entendía
como lo entiendo hoy...
que las pruebas de la vida
son para nuestra admonición.

Cada vez que yo me quejaba por algo
mis padres con mucho amor
me decían ¡fíjate tú en Juancito!
y pídele a Dios perdón.
A ti te sobra de todo
desde alimentos hasta educación
y mientras juegas con otros niños
Juancito sigue en su prisión.

Un día ¡le crecieron alas!
según papá me explicó...
Cuando desperté por la mañana
Juancito vacía su silla dejó.
Lo que no entendí por que le temblaba
a mi papi de emoción la voz
y mi mami permaneció acostada
¡nadie ese día en casa comió!.

¿Por que le crecieron alas?
dime papi ¡por favor!
Porque el se transformó en ángel
y Dios lo llevó a su mansión.
Allí no necesita piernas
y su mamá así lo entendió
¡por fin su hijito se sentirá libre!
Y al ver la silla vacía de rodillas agradeció.
 

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