|
Tarde de otoño,
Las luces que brillan en la oscuridad
El anochecer es testigo de la verdad
Los sueños que alegres vagan en el espacio infinito del silencio;
Cada suspiro, cada gota de lágrimas,
Cada latido del corazón que se evapora
En el mundo incomprensible del amor,
¿Pronto desvanecerá el recuerdo del pasado?
Un pasado que tal vez no existió
Y la espera no reprende
Los anhelos que añora la locura,
La locura que se evapora libremente en el pensamiento;
Y los sueños tan cerca y tan lejos están de alcanzarlos,
Donde su esencia vacilante tambalea en el reflejo de la inexistencia
Que estalla al final en la sonrisa de un niño;
En el camino está la muralla
Que desesperado quiero atravesar,
Sollozos van, sonrisas vienen,
Y la llanura interminable se burla de mi llanto,
El cántico subliminal flota en tu recuerdo
Y la lejanía inevitable tortura el fruto de la flor,
Agonía, paz y bien,
Respira el cielo gris,
Mientras mi esperar
Impaciente rebota en las brisas de la noche,
El sueño vuela sin cesar,
El sueño sigue su marcha,
El sueño impaciente vaga
A la luz ciega de tu ausencia. |