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Callar la noche con
un latido del corazón,
Y arrullarlo con el suspiro de la brisa,
Mientras títeres inertes lamen
Sus paladares endulzados
Con besos de flores exóticos,
Aterriza la carcajada perfumada
En la alfombra de piedra,
Y la noche no se queja,
Por el vagar de las caricias frías,
Y en su espacio vacilante,
Lluvia de pétalos caen
En el altar de los enamorados nocturnos,
Y la ofrenda se evapora
En el callar ciego solitario,
Mientras bebe el cántico abovedado.
Clama la noche fría,
Que abriga la sombra
Paz y silencio en su banquete,
Que con celos cuida del centello de la luna. |