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Perdido en un
laberinto ilusorio de ideas vanas,
Escuchando lamento de los dioses benévolos
Por un paraíso perdido,
Mientras el eco de la ira
Rebota en el llanto de las aves,
Profetas delirantes por un sorbo de agua
Aterrizan la razón al compás del egoísmo,
Y tras la muralla de la ambición
Queda apagada la llama del amor.
¿Donde quedará el bello himno de las aves?,
¿Donde quedará la dulce miel que acaricia el cielo azul?,
Y las aguas cristalinas que corren por la rivera,
Perecerán y no volverán...,
Caminos que cruzan los pensamientos
Y el tiempo suspira y abraza al desnudo cielo
Que llora inconsolablemente,
Llanto seco es lo que llora,
Por la imagen ciega que refleja la tierra vendita,
Mientras balbucea la voz
que viaja en el cálido desierto,
La selva llora de agonía
Añorando una leyenda medieval
Cuando fue dueña de su propia historia,
Las brisas adornan el espacio,
Y sus hijos alegres germinan
Deslizándose dulce y serena
Entre cánticos y murmullos de las flores,
Sollozos vagan por doquier
A la luz de la luna llena
Y el sol que enfadado ya está
Sin piedad estalla su furia...
Oh
nube blanca, vuelva adornar el lecho de las aves
Que perecen cada día;
Y la culpa no es tuya,
La culpa es de la razón,
Sí, la razón absurda de los bípedos,
Que sin clemencia apagan esta flama.
La vida no se queja si se evapora la existencia
Pero inocentes, muchos son
Que devasta la avalancha,
Ya el llanto terminará,
Pues el cementerio te espera
Que la ira de la naturaleza
Sobre ti caerá
¿Por qué apresuras tu fin hombre insensato?
¿Por qué provocas la ira de la naturaleza?
¿No escuchas la queja del retoño?
Clemencia te piden mil suspiros...,
El reclamo de la vida se escucha más allá
Y las alas del silencio fluyen sin cesar
La selva llora y tú sigues ahí,
Por piedad ama a la vida que yo te lo pido,
Supuesto ser racional
Que las brisas tartamudas
Añoran libertad. |