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- Hijos míos, pescadores de la
aldea, hoy en el día de San Ictícola De Los Peces vamos todos a la ermita del santo a
pedirle una buena pesca, ¡vamos!
- La verdad, desde que le rezamos a San
Ictícola cada vez pescamos menos.
- Antes sí que había buena pesca por
aquí, con el santo que teníamos antes. Pero lo trasladaron.
- San Ictícola sabe que entre vosotros hay
herejes, perjuros, apóstatas, y por eso está molesto.
- Padre, si le molesta la “apóstata”,
¿por qué no se opera?
- Al
santo le molesta, no al padre.
- Si por lo menos San Ictícola nos
pudiera dar una señal, un signo.
- Ay, si nos da
un signo, que sea el signo de Piscis.
- ¿Falta
mucho para la hermanita del santo?
- Hermanita,
hermanita... ¡la ermita del santo! La ermita, la ermita, la capilla,
el santuario.
- Ya estamos
llegando, ya estamos, vamos, adelante, vamos, falta poco.
-
Oh, oh, oh
San Ictícola de la mar
San Ictícola De Los Peces
Te queremos solicitar
Que nos des una buena pesca
Al contrario que otras veces
No nos vuelvas a fallar
Con fervor y con fe
Te venimos a rezar
Pero tú también
Pon un poco de voluntad
-
Oh, oh, oh
San Ictícola de la mar
San Ictícola De Los Peces
No nos vuelvas a fallar
- Ya llegamos, detengaos, detenedos,
¡detente, pescador!
- Qué
mamita amorosa... qué marmita de morsa... qué marmota Marisa... ¡qué
ermita más hermosa!
- Hijos míos...
- Padres
nuestros...
- Hoy, en el día de San
Ictícola De Los Peces, hemos venido todos a pedirle al santo
una buena pesca, y ¿a santo de qué hemos venido en el día del santo?
Hemos venido para rezarle al santo en su santo.
- San Ictícola De Los Peces
En tu día te imploramos
Cumple nuestros pedidos
Cumple nuestros ruegos en tu día
¡Cumpleaños feliz!
- Hijos míos, cada vez pescamos menos y
debemos tomarlo como un verdadero milagro. Pero no, no de la
multiplicación de los peces, sino de la división de los peces.
- Los peces se
dividen en Ciclóstomos, Elasmobranquios y Osteictios, que...
- Cada vez
pescamos menos, y la culpa es de vosotros.
- Siempre
tenemos la culpa nosotros.
- Porque vivís
en pecado.
- No, no,
padre, vivimos del pescado.
- Oremos: San Ictícola De Los
Peces, ten piedad de estos pobres pecadores.
- San Ictícola De Los Peces, ten piedad de estos pobres pecadores.
- Te confesamos
todas nuestras faltas.
- Falta ropa, falta
comida, falta dinero.
-
San Ictícola De Los Peces, nos retractamos de las ofensas inferidas a
nuestros padres, a nuestros hermanos.
- A nuestros padres, a
nuestros hermanos, nos retractamos.
- A los hijos, a
los cónyuges.
- A los hijos, a los
cónyuges, nos retractamos.
- A los tíos,
los primos, los sobrinos, los cuñados, los suegros, los yernos, las
nueras.
- Sí, nos retractamos.
- Se ve que
es un retracto de familia.
- San Ictícola De Los Peces, perdona a estos pecadores inicuos, impíos, perjuros,
perversos, despreciables, degenerados.
- No le creas, no es
para tanto.
- Y ahora, ahora
cantemos.
-
San Ictícola De Los Peces
danos pescado abundante
o caeremos en la tentación de la
carne
y la maldición del colesterol.
Alabado sea el lenguado
y alabao el bacalao
luz divina a la sardina
divina luz a la merluza.
- Entonemos
grandiosos salmos, salmones, y loas al atún.
-
Loas atún, loas atún,
atún, atún, a tu nombre.
- Hijos, ahora
les voy a leer la vida de San Ictícola.
- ¿Toda,
padre?
- Don
Ictícola Fiorentini fue un honesto mercader que vivió en La Toscana
en el siglo XI, que descubrió su vocación religiosa el día en que
casi muere atragantado por una espina de besugo. Su abnegada esposa
salvó su vida extrayéndole la espina. Pero esos instantes de pánico
le causaron una tremenda impresión. Ictícola nunca había visto tan
de cerca a la muerte, ni a su esposa. Entonces decidió tomar los
hábitos, decidió tomar los hábitos sobre todo el hábito de no comer
pescado, y comenzó su prédica, la prédica contra el consumo de todo
tipo de pescados y mariscos, desde el pulpito... ¡desde el púlpito!
En 1614 fue canelonizado... ¡canonizado! como San Ictícola de la
mar, protector de los peces, encargado de mantenerlos alejados de
las redes de los pescadores. Es por esto que la devoción a San
Ictícola De Los Peces está contraindicada en comunidades de
pescadores. ¡Oohh!
- Y, y... ¿se
puede saber qué estamos haciendo acá?
- Hace 20
años que venimos a la hermanita...
- Caramba, es
que no lo había... no lo había leído nunca.
- ¡Esto es un
desastre!
- No, no, es un
pequeño descuido sin importancia.
(Todos protestan)
- Está bien,
estoy en deuda con vosotros. Pero ¡debéis perdonar a vuestros
deudores! Además, ego me absolvo.
- Así que San
Ictícola era el que nos estropeaba la pesca.
- ¿Viste,
Patricio?
- Tan santito que
parecía.
- ¿Y ahora
qué hacemos?
- Qué sé yo...
- Ah, me
hablaron muy bien de otro santo, San Cocho Del Pescador. Un cura
amigo me pasó el santo. Sí, sí, me dijo que tiene la ermita muy
cerca de aquí, vayamos a la ermita.
- Pero
¿estará abierto?
- Sí, Domingo
debe estar abierto.
- Sí, así
debe estar.
- Sí,
habría que haber reservado.
- No, no, no,
vayamos, ten fe, vamos a la ermita.
- Pero no
podemos ir con las manos vacías, deberíamos llevarle una ofrenda
importante, para causarle buena impresión.
- No hace falta,
hijo, recuerda lo que dice el refrán.
-
Oh, oh, oh
A San Cocho le daremos
en limosna chucherías
que no tengan mucho valor
que si la limosna es grande
hasta el santo desconfía
viva San Cocho el pescador.
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