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Voy
a contarles mi historia.
No es una historia de la que me sienta feliz, pero es la única que tengo:
He nacido feo,
muy pero muy feo.
Era tan feo que, cuando nací, el médico
preguntó donde estaba la cámara oculta. Me tiró al aire y dijo: "Si
vuela, es murciélago". No volé... Luego me tiró en el agua y dijo: "Si
nada, es cocodrilo". No nadé... Cuando vio que no era ni una cosa ni la
otra, dijo: "Bueno, entonces ha de ser un niño, nomás..." y me dio la
cachetada en la cara. Luego fue a la sala de espera y le dijo a mi padre
: "Hicimos lo que pudimos... pero nació vivo", y en lugar de felicitar a
mi papá, lo golpeó. Luego se abrazaron los tres y lloraron un largo
rato.
Mi madre, cuando nací, no sabía si había
sido un mal parto o una buena cagada. Incluso, no sabía si quedarse
conmigo o con la placenta. Como era prematuro me metieron en una
incubadora... con vidrios polarizados. Mi madre nunca me dio el
pecho porque decía que sólo me quería como amigo, así que en vez de
darme el pecho, me daba la espalda.
A los tres meses aprendí a caminar, porque
nadie me alzaba. Era tan feo que me acariciaban con una rama. Y era
bastante peludo: a mi madre siempre le preguntaban: "Señora, a su hijo
¿lo parió o lo tejió?"
Era un niño tan feo, pero tan feo, que un
día mi mamá me llevó de camping y en la noche, los coyotes prendieron
fogatas para que no me acercara.
Cuando jugaba al escondite nadie me
buscaba.
Por las noches, mi "angelito de la guarda"
dormía en la habitación de al lado.
Pronto me di cuenta que mis padres me
odiaban, pues mis juguetes para la bañera eran una radio y una tostadora
eléctrica.
Mi padre llevaba en su billetera la foto
del niño que venía cuando la compró.
Una vez me perdí, y le pregunté al policía
si creía que íbamos a encontrar a mis padres. Me contestó: "No lo sé;
hay un montón de lugares donde se pudieron haber escondido".
Era tan feo que me exhibían en una feria
por teléfono.
Y para colmo era muy flaco, tan flaco que un día metí los
dedos en el enchufe y la electricidad erró la patada. Era
realmente flaco: para hacer sombra tenía que pasar dos veces
por el mismo lugar.
Pero mi problema no era ser tan flaco sino ser feo.
Era tan feo que cuando me despertaba, el
sol se escondía. Era tan feo, que no podía dormir, porque cuando venía
el sueño, lo espantaba.
Era tan feo, que me dolía la cara. Era tan
feo que los ratones me comieron el documento y dejaron la foto.
Cuando fui al zoológico los monos me
tiraban galletitas. Mis padres tenían que atarme un trozo de carne al
cuello para que el perro jugara conmigo.
Cuando me secuestraron, los secuestradores
mandaron un dedo mío a mis padres para pedir recompensa. Mi madre les
contestó que quería mas pruebas.
Tuve que trabajar desde chico. Trabajé en
una veterinaria y la gente no paraba de preguntarme cuánto costaba yo.
Un día llamó una chica a mi casa
diciéndome: "Ven a mi casa que no hay nadie”. Cuando llegué no había
nadie.
Era tan feo que el psiquiatra me hacía
acostar boca abajo. El psiquiatra me dijo un día que yo estaba loco. Yo
le dije que quería escuchar una segunda opinión. "De acuerdo, además de
loco es usted muy feo", me dijo.
Una vez, cuando me iba a suicidar
tirándome desde la terraza de un edificio de 50 pisos, mandaron a un
cura a darme unas palabras de aliento. Sólo dijo: "En sus marcas,
listos..."
El último deseo de mi padre antes de morir
era que me sentara en sus piernas. Lo habían condenado a la silla
eléctrica...
Era tan feo, pero tan feo, que cuando
mandé mi foto por e-mail, el antivirus la detectó. Era tan feo que me
miraban dos veces porque la primera no lo creían. Era tan feo que
convertí a Medusa en piedra.
Encima, me echaban del tren fantasma
porque "asustaba demasiado". Era tan feo que asustaba hasta los ciegos.
Era tan feo que cuando me miraba en el espejo, el reflejo se hacía a un
lado. Era tan feo que hacía llorar a las cebollas. Era tan feo que tiré
un boomerang y éste no regresó nunca mas. Era tan feo que cuando iba al
banco, apagaban las cámaras de seguridad.
Sí, amigos, yo era tan feo, tan feo, que
una vez me atropelló un auto... y quedé mejor.
Y ahora soy, apenas... feo. |