|
La
tecnología de juegos virtuales en los cuales se permite casi vivir una aventura
por medio de controles que se colocan en todo el cuerpo poco a poco fue
evolucionando de tal modo que se logró desarrollar una sonda que se colocaba en
la parte posterior de la nuca con el propósito de estimular con ondas cerebrales
alfa todo el espacio de la materia gris, de esta manera se podían generar
estímulos que simulaban desde oler una flor hasta una herida cortante, desde una
sensación de frío polar, hasta estar ardiendo en el desierto, desde la sensación
de andar vestido con una armadura hasta estar desnudo. Todo eso con el único
requisito de insertar la sonda en la región occipital y encontrarse bajo nivel
alfa de concentración, estado que se logra con en un corriente sueño. se
desarrolló un repunte de los juegos virtuales en los que con una computadora
casera, un disco compacto del juego y la interfase digito-cerebral, se podía
disfrutar de esquiar en los Alpes, o de pelear boxeo contra una imagen virtual,
hasta de tener sexo con todo un sin fin de opciones. La comunicación telefónica
vía modem por medio de la red internacional INTERNET se realizaba por medio de
imágenes virtuales, es decir, al colocarse la sonda y dormir, el sujeto entraba
en un ambiente virtual donde podía ver a la persona comunicada y tener todo tipo
de sensaciones con ella. Era común la venta de backgrounds (fondos) de parques,
lagos, playas, para hacer la cita mas agradable. Las parejas que se encontraban
alejadas físicamente podían tener citas en una playa virtual de Malibú a la luz
de la luna virtual, mientras se tomaban un delicioso vino de la campiña virtual
servido por un respetuosos mesonero virtual; todo esto sin pagar ni un centavo
en viajes, ropa, comida y mucho menos en propinas. Lo que necesitaban era una
computadora conectada a INTERNET, la sonda digito-cerebral y muchas ganas de
hacer cualquier cosa. Una compañía de software de Silicon Valley creó un
programa rentable en INTERNET, para transformar la apariencia física de las
personas. El image morphing 2189 permitía a los internetmaniacos cambiar desde
el color de la piel hasta el olor del aliento virtual. Así pues la gente que
navegaba por la red comenzó a ser un desfile de modelos de todo tipo, altas,
bronceadas, rubias, o quizá atléticos, velludos, fornidos. Aquellas personas con
desviaciones sexuales podían hacer sus sueños realidad convirtiéndose en un
bello espécimen del sexo deseado en este asombroso mundo virtual. No importaba
de donde procedía o quien era en realidad, pues la gente solo veía, olía,
escuchaba a la imagen virtual de aquella persona.
Comenzaron con gran éxito los trabajos virtuales, se creaba una oficina virtual
con todos los inmuebles y se contrataban ingenieros, recepcionistas, gerentes,.
Las personas trabajaban realmente en su casa, en su propia cama, mientras
dormían y no tenía que comprar, uniformes o zapatos o pagar un autobús. La
cibernética, también tuvo un repunte es esta primera década del 2200, pues no
había mucha gente que realizara el trabajo físico de limpiar las calles, o de
sembrar alimentos, no había obreros para la construcción, ni policías que
cuidaran a la población. El cyberg2 fue el primer robot multidisciplinarios que
servía tanto para maniobrar máquinas de limpieza, hasta para manejar un rifle de
policía. Hubo uno que otro foco revolucionario en contra del virtualismo y del
control del ambiente por las computadoras, pero nunca pudieron convencer a la
gran mayoría de la población mundial de salirse de un sueño que los seducía día
a día más y más. Ya para el 2250 existía en la red la Organización de Estados
Virtuales Unidos, donde se conformaron casi todos los países del mundo. Se podía
viajar a la Francia virtual vía Internet, o escalar el Himalaya virtual, podía
pasar un verano en la islas griegas virtuales. Se podía ir a visitar a un amigo
que vivía en Miami y hasta disfrutar la sensación de montarse en el avión y
volar para llegar al aeropuerto internacional de Miami. Pero realmente la gente
sabía que era una página más de un número en la red y que disfrutar de pararse
en medio del obelisco francés sonaba más divertido que serio. |