LIBRO DEL MES

EL ORIGINAL PECADO ORIGINAL
Pieza Para Teatro
Gerardo Cardona Velasco

 
LIBRO DEL MES  ***   TODOS LOS MESES UN LIBRO NUEVO   ***
 
 
     
 

ESCENA CUATRO:

Reunión de la Santísima Trinidad.

 

-Buenas noches, Señores, los he citado con carácter urgente a esta reunión para tratar un tema muy serio.

-Sí, ya estamos del todo enterados. Recuerda que somos omnipresentes.

-¿Y qué opinan, entonces, del asunto? –preguntó Dios-Padre con solemnidad-. La serpiente está taladrando el cerebro de Eva y muy posiblemente, si sigue así, termine por convencerla.

-¡Acabemos con la serpiente! –dijo eufórico Dios-Hijo-. Para mí sería muy fácil terminar con ella o echarla fuera del Edén. Yo...

-Calma, calma -–dijo Dios-Espíritu con ánimo conciliador-. Quizá debamos concederle tiempo a las cosas. Pienso que todo cuanto hemos creado es bueno y no debemos aún preocuparnos. Nuestra creación posee su propia dinámica natural y no tendría sentido alguno que la controláramos sistemáticamente como a un robot programado que sigue rutinas y procesos mecánicos sin tener capacidad de autodeterminación. De lo contrario, el mundo en nuestras manos sería como un juguete para niños que se distraen moviendo fichas o soldaditos de plomo a su real antojo y sin un digno propósito ulterior. Démosle a la humanidad –continuó con su argumentación- la capacidad de autogobernarse siguiendo principios éticos, morales y, sobre todo, espirituales que les inculcaremos y sembraremos en su cuerpo, mente, alma y espíritu. Quienes no sigan esas pautas perecerán; quienes sí, gozarán eternamente del paraíso y de nuestra gracia y bendición celestial.

-Amén, y que así sea –dijo Dios a una sola y potente voz.

 
     
 
 
     

 

ESCENA CINCO:

Adán y Eva en su cueva.

 

-Hola, amor, ¿cómo estás? –dice Adán al llegar a casa después del trabajo.

-Bien, negrito, ¿y a ti cómo te fue? –responde Eva saliendo a darle un beso en la mejilla.

-Pues, hoy fue un día duro pero hermoso como todos –dijo Adán satisfecho-. Ya casi voy terminando con la extenuante tarea de ponerle nombres a todos los animales; sin embargo, aún son muchos y no se me ocurren nuevas denominaciones. Además, debo memorizarlos bien para luego no confundirme al llamarlos –dijo Adán suspirando y dejándose caer sobre el sofá de la sala.

-Eso sí que es un camello, mijo –dijo desprevenidamente Eva mientras se iba para la cocina a servir la comida.

-¿Camello, dijiste? –se quedó pensativo Adán-. ¡Bravo, mujer! Ese será el nombre de un animal muy raro que tiene dos jorobas y que soporta muy bien las altas temperaturas. ¿Y tú cómo vas con la clasificación de las plantas del paraíso? –preguntó Adán condescendiente.

-Voy bien, amor. He conseguido una oportuna ayuda en la serpiente que ha recorrido este lugar de norte a sur y de este a oeste. Además ella, a más de saber de botánica,  ha resultado ser una muy sensible amiga –concluyó Eva con una agradable sonrisa en sus labios.

-¿Con la serpiente? –preguntó prevenido Adán. ¿Sabes, chiquita?, ella no me cae muy bien del todo. Es como de doble personalidad. La veo muy escurridiza y desconfiada. Cuando la llamo es la única bestia que me hace reparos y me pregunta que para qué la quiero y siempre me hace polémica y busca enredarme con su lengua. Los demás animales son sumisos, obedientes y humildes –dijo Adán subiendo el tono, pues Eva ya estaba en la cocina y le pedía que le hablara más alto.

-Pues, muy raro me parece. Ella conmigo es super. Además es muy inteligente –continúo Eva-. ¿Sabias que ha comido del árbol prohibido...?

-¡¿Cómo?! –gritó ofuscado Adán, acercándose a Eva-. Ningún animal debe tampoco comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. Si no podemos nosotros menos ellos. Es una orden del Señor y debemos cumplirla al píe de la letra. No ves que al comer de ese fruto podríamos ciertamente morir. ¡El Señor nos lo ha dicho! –sentenció enérgico Adán.

-¿Y si a cambio de morir nos hacemos más inteligentes y conocedores de verdades que no nos han sido aún reveladas? –preguntó Eva sin interés en una clara respuesta y -sí más- con la intención de sembrar dudas en alma de Adán.

-¡Sandeces, mujer! –exclamó Adán-. ¿De dónde sacas esa idea ridícula de volvernos más sabios e inteligentes? –preguntó Adán incrédulo ante las palabras necias de  su mujer.

-Pues he escuchado muchas cosas del mundo que yo no conocía y que la serpiente asegura haber visto. Déjame contarte...

 

     
 
 
     
 

ESCENA SEIS:

Adán sale temprano a la huerta a buscar a la serpiente.

 

-Por ahí escuché que andabas buscándome, Adán. ¿Para qué me necesitas, en qué puedo ayudarte? –dijo la serpiente mostrándose humilde y servicial.

-Cierto es, y necesito hablarle seriamente –dijo Adán, mientras con gesto autoritario le exigía a la serpiente que se sentara para conversar-. Mire, serpiente –le dijo Adán-, estoy muy molesto por la andanada de chismes, cuentos e historias con que le ha llegado a mi mujer. Ahora ella me viene con la idea loca de la existencia de un tal y susodicho mundo paralelo al de este paraíso terrenal y está deslumbrada y no piensa en nada más.

-No deberías molestarte, Adán... –trató de decir la serpiente.

-Que no me gusta que me tutee, se lo he dicho. Le exijo me respete, serpiente –dijo Adán en tono grave.

-Bien, mi señor, como a usted más guste –dijo la serpiente con gesto solemne y hasta burlón-. Si al menos me escuchara y me permitiera explicarle, quizá luego usted, con su criterio y gran inteligencia, podría determinar si es válido o no lo que yo conozco de primera mano –dijo con malicia.

-No me interesan sus cuentos, serpiente. Y no veo cómo me interesarían... –dijo Adán con un dejo de duda que la serpiente aprovechó con astucia.

-Yo lo he visto a usted, mi señor, luchar a diario con esta inmensa huerta y veo cuánto trabajo debe ejecutar prácticamente solo y sin ayuda de nada ni de nadie. Si al menos supiera lo fácil que esto se realiza allá en el mundo civilizado, sus problemas se acabarían. Trate tan sólo de imaginar lo siguiente –le dijo la serpiente-: allá hay herramientas y máquinas industriales como palas, picas, retroexcavadoras, buldózeres y un sinfín de inventos modernos con la fuerza de más de 500 caballos al servicio suyo con sólo accionar un botón o una simple palanquita. ¿Lo ve, señor?

-Eso me suena a pura ciencia ficción, serpiente, y presiento que usted tiene la cabeza caliente y con fiebre, pues esto no es más que un delirio de verano –dijo Adán asombrado ante las imágenes insospechadas que inexplicablemente acababa de ver por cuenta de la serpiente.

-Usted mismo podrá verificarlo cuando quiera, señor. Yo los puedo llevar a los dos para que conozcan eso y mucho más. No sé por qué el gran Dios no se los ha presentado por sí mismo. Es algo egoísta de su parte y no me explico por qué los quiere tener aquí como a cavernícolas aislados del verdadero mundo de los hombres y las mujeres (aquí entre nos, unas mamacitas) que  afuera existen en perfecta armonía y en una sociedad próspera y con igualdad de oportunidades para todos– dijo la serpiente con tono de político promesero y mendaz.

-No, ya no más, serpiente venenosa. Váyase de mi vista y mejor no se aparezca más por aquí. Sus palabras son empalagosas y me confunden y no quiero desobedecer al Señor, nuestro Dios, que ha sido justo y bueno con nosotros dándonos este hermoso paraíso donde nada nos falta.

-Bueno, ya veremos, mi señor. Algún día me darán la razón –dijo por último la serpiente mientras simulaba marcharse cabizbaja y derrotada.

 
     
 
 

 
     
 

la-arania.com - Todos los derechos reservados