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ESCENA
SEIS:
Adán sale temprano a la huerta
a buscar a la serpiente.
-Por ahí escuché que andabas buscándome, Adán. ¿Para qué me
necesitas, en qué puedo ayudarte? –dijo la serpiente mostrándose
humilde y servicial.
-Cierto es, y necesito hablarle seriamente –dijo Adán, mientras
con gesto autoritario le exigía a la serpiente que se sentara
para conversar-. Mire, serpiente –le dijo Adán-, estoy muy
molesto por la andanada de chismes, cuentos e historias con que
le ha llegado a mi mujer. Ahora ella me viene con la idea loca
de la existencia de un tal y susodicho mundo paralelo al de este
paraíso terrenal y está deslumbrada y no piensa en nada más.
-No deberías molestarte, Adán... –trató de decir la serpiente.
-Que no me gusta que me tutee, se lo he dicho. Le exijo me
respete, serpiente –dijo Adán en tono grave.
-Bien, mi señor, como a usted más guste –dijo la serpiente con
gesto solemne y hasta burlón-. Si al menos me escuchara y me
permitiera explicarle, quizá luego usted, con su criterio y gran
inteligencia, podría determinar si es válido o no lo que yo
conozco de primera mano –dijo con malicia.
-No me interesan sus cuentos, serpiente. Y no veo cómo me
interesarían... –dijo Adán con un dejo de duda que la serpiente
aprovechó con astucia.
-Yo lo he visto a usted, mi señor, luchar a diario con esta
inmensa huerta y veo cuánto trabajo debe ejecutar prácticamente
solo y sin ayuda de nada ni de nadie. Si al menos supiera lo
fácil que esto se realiza allá en el mundo civilizado, sus
problemas se acabarían. Trate tan sólo de imaginar lo siguiente
–le dijo la serpiente-: allá hay herramientas y máquinas
industriales como palas, picas, retroexcavadoras, buldózeres y
un sinfín de inventos modernos con la fuerza de más de 500
caballos al servicio suyo con sólo accionar un botón o una
simple palanquita. ¿Lo ve, señor?
-Eso me suena a pura ciencia ficción, serpiente, y presiento que
usted tiene la cabeza caliente y con fiebre, pues esto no es más
que un delirio de verano –dijo Adán asombrado ante las imágenes
insospechadas que inexplicablemente acababa de ver por cuenta de
la serpiente.
-Usted mismo podrá verificarlo cuando quiera, señor. Yo los
puedo llevar a los dos para que conozcan eso y mucho más. No sé
por qué el gran Dios no se los ha presentado por sí mismo. Es
algo egoísta de su parte y no me explico por qué los quiere
tener aquí como a cavernícolas aislados del verdadero mundo de
los hombres y las mujeres (aquí entre nos, unas mamacitas) que
afuera existen en perfecta armonía y en una sociedad próspera y
con igualdad de oportunidades para todos– dijo la serpiente con
tono de político promesero y mendaz.
-No, ya no más, serpiente venenosa. Váyase de mi vista y mejor
no se aparezca más por aquí. Sus palabras son empalagosas y me
confunden y no quiero desobedecer al Señor, nuestro Dios, que ha
sido justo y bueno con nosotros dándonos este hermoso paraíso
donde nada nos falta.
-Bueno, ya veremos, mi señor. Algún día me darán la razón –dijo
por último la serpiente mientras simulaba marcharse cabizbaja y
derrotada. |