LIBRO DEL MES

EL ORIGINAL PECADO ORIGINAL
Pieza Para Teatro
Gerardo Cardona Velasco

 
LIBRO DEL MES  ***   TODOS LOS MESES UN LIBRO NUEVO   ***
 
 
 

ESCENA SIETE:

La serpiente busca a Eva y trata una vez más de convencerla.

 

-Hola, Evita, qué bonitas jardineras has plantado hoy –saludó la serpiente buscando la atención de Eva.

-Hola, mi Serpis, ¿dónde andabas?, quería hablar contigo –dijo Eva con cierta ansiedad y gran afecto.

-Vengo de hablar con Adán y te cuento que es bastante cabecidura. No tiene ni un poquito de curiosidad por saber lo mucho que se pierde con su tremenda terquedad. La verdad –dijo indiferente-, prefiero ni tocar más el asunto con ninguno de ustedes. Dejaré para mí solita este maravilloso descubrimiento y hasta estoy pensando seriamente en marcharme de acá –dijo la serpiente con desdén y con la mirada triste y descorazonada.

-¿En realidad te irías, Serpi? –preguntó Eva compungida.

-Sí. Creo que ya está decidido...,  a menos que... –dijo con premeditada parcimonia- quizá tú lo intentaras conmigo –dijo la serpiente buscando que Eva cayera en su trampa.

-Pues, para serte sincera –dijo Eva-, anoche al rato que hablé con mi marido me quedé desvelada imaginando cómo sería ese mundo glamoroso y lleno de fantasía, y pensé que este paraíso, si bien es muy lindo, es también algo monótono, lo confieso. Hasta lo perfecto llega a cansar y no ser suficiente, no me preguntes por qué –seguía diciendo Eva-. Hay días que esperaría sucediera algo distinto, pero, no; todo está pasmosamente ordenado y conforme a los designios de Dios. Y no es que yo esté contra su sagrada voluntad. ¡No, Dios me libre! Sólo que no tenemos mayor capacidad para elegir una vida diferente y con más emoción y riesgo, ¿me comprendes, Serpi? –dijo Eva descargando su corazón ante la serpiente que la miraba expectante y congraciada por lo que escuchaba.

-Te comprendo bien, amiga mía –y se acercó para abrazarla-. Yo sé que el mundo de afuera es la respuesta que andas buscando. Ese mundo es para los que quieren desafiar los límites y no le temen a los riesgos, pues una vida sin emoción es una vida pobre y vacía –argumentaba la serpiente, en tanto Eva con los ojos cerrados era transportada a ese paraíso ignoto-. Eva –dijo la serpiente sacándola de su sueño-, sin duda esa es la oportunidad que estabas esperando para que tu vida sea distinta y  plena. Es muy fácil, amiga, sólo se requiere probar del fruto del árbol dizque prohibido, ni siquiera hay que comerlo todo, aunque es deliciosísimo, y con ello se te abrirán los ojos para contemplar ese maravilloso paraíso idílico –dijo la serpiente con toda la capacidad de convencimiento de que disponía su hábil lengua.

-¿Sabes, Serpi? Estoy decidida a hacerlo y ya me daré mis mañas para que Adán, al igual, nos acompañe. Yo sé como hacerlo –dijo Eva con una mirada cargada de emoción y ansiedad nunca antes conocida.

-Bien, Eva, yo misma me encargaré de conseguir el fruto para que el Señor Jehová no te vea por allá. Luego,  en un lugar secreto que conozco, la comerás y de inmediato –te lo puedo asegurar- descubrirás el paraíso paralelo al del Edén del que ya hemos platicado. Esta misma noche aprovechando la oscuridad lo traeré y mañana a esta hora donde nace el río Eufrates nos encontraremos. Mira a ver si logras convencer a tu esposo. Yo creo que él quiere hacerlo pero necesita de un poderoso respaldo para ello. Y quién mejor que tú para dárselo: su amada, bella y atractiva esposa. Lo que yo haría con tus caderas –le dijo insinuante la serpiente. Acto seguido se despidió-. Nos vemos, mija. No te arrepentirás –le reiteró guiñándole el ojo-. Has tomado la mejor decisión de tu vida –dijo muy contenta la serpiente mientras que por primera vez en su vida se deslizaba escurridiza por el suelo entre los espesos arbustos del paraíso.

 

 

ESCENA OCHO:

Eva seduce a Adán, pero Adán cree que fue él quien la sedujo.

 

-Hola, amorcito, ya llegué ¿Dónde andas? –gritó Adán desde la entrada de la cueva con tono alegre y más cariñoso de lo habitual.

-Por aquí, mi vida, contestó Eva desde el fondo semi-oscuro de la cueva. En un momento salgo. Te tengo una sorpresa –le dijo.

-¿Qué sucede, chiquita, tú nunca actúas así? ¿Además este olor tan fragante y especial..., hum...? ¿De dónde lo has traído? Me parece agradable –dijo Adán mientras se sentaba en el sillón de madera que había construido ese día para su esposa.

-Mi vida, cierra los ojos –le dijo Eva-. No los abras sino hasta cuando yo te lo pida. ¿Me lo prometes?

-Bueno, está bien. Pero no sé qué te propones, mujer. Jamás te habías comportado así. Siento que eres otra.

-Sí, exacto. Soy otra, y a esa otra la vas a querer mucho más -respondió Eva con voz sugerente y melosa, al tiempo que se acercaba al sumiso Adán que esperaba ansioso su cercanía.

-¿Tú me amas, Adán? –preguntó Eva susurrándole al oído.

-Por supuesto, mujer –dijo Adán tratando de tocarla con sus manos, pues éste no abría todavía los ojos a la espera de la orden de su mujer.

-¿Y si me fuera de aquí, me extrañarías mucho? –preguntó Eva más coqueta que nunca.

-Ahora sí no te comprendo –dijo Adán abriendo sus ojos y viendo a su mujer ataviada con flores y ramas en el cuerpo. ¿Qué es ese atuendo tan extraño? ¿Por qué te cubres? Si así, natural como eres, me gustas muchísimo –dijo incrédulo Adán ante lo que sus ojos veían.

-Es que estoy aburrida con ver todo igual, amor. Quería sorprenderte con algo distinto que nos sacara de la rutina –dijo Eva con voz de niña consentida y enrollándosele a Adán en el cuerpo-. ¿O es que no te gusta que sea cariñosa y atenta contigo, ah..., dime..., cosita rica...?

-Un momento, compañera. Espera. Vamos por partes –dijo Adán deteniendo los avances seductores de su mujer-. ¿Qué fue eso de irte de aquí? ¿Para dónde? ¿Por qué? –preguntó precipitadamente Adán, separándose de su mujer.

-Pues, estoy decidida a marcharme con la serpiente para el mundo paralelo. Tú verás si me acompañas o te quedas solo –contestó Eva apartándose un paso más y dándole  la espalda a Adán.

-Amor, ¿qué es esa tontería del mundo paralelo? Ya veo que la serpiente te ha lavado el cerebro –dijo Adán acercándose de nuevo a ella y abrazándola con cariño.

-Mi vida –contestó Eva mirándolo a los ojos-. ¿Qué nos cuesta intentarlo? De seguro que si es mentira no veremos nada y cuento acabado. ¿Ves, cielo? Sólo satisfacemos la curiosidad y punto. Todo quedará entre nosotros, amor. Hasta yo misma, de no ser cierto, buscaré que echen del paraíso a esa serpiente por mentirosa y chismosa. Te lo prometo, cielito. Anda, dime que sí –dijo Eva besando con dulzura a Adán que no supo en ese momento qué contestar.

-Hablemos de eso después, negrita. Más bien por qué no probamos este cómodo sillón que diseñé para ti. Hace rato que no nos consentimos uno al otro... –le respondió Adán con la mirada llena de deseo contenido por su joven y bella esposa.

-Pues si no me acompaña en esto tendrá que de ahora en adelante calentarse solo. Y vaya de una vez probando su sillón, porque lo que es en lo sucesivo voy a dormir sola –dijo Eva al tiempo que corría hacia el fondo de la cueva gimoteando y llorando desilusionada.

-Mujer, mujer, no seas así. Mira que eso que pides es muy peligroso y no quiero que le fallemos al Señor –dijo Adán siguiendo a su mujer hacia la alcoba.

-¡No me toque, Adán! –dijo Eva enfática-. A usted le falta más hombría para tomar sus propias decisiones. Déjeme sola... –dijo hiriendo el orgullo de Adán y cerrando la puerta del dormitorio.

-Evita, cielito mío –le dijo Adán al cabo de un rato de estar afuera pensando-. En parte yo también he tenido curiosidad, sólo que me cuesta aceptarlo; pues he querido ser fuerte ante esa tentación. Sin embargo, creo que podemos intentarlo y si no hay nada, como tú dices, asunto concluido y que no se vuelva nunca más a hablar de ello, ¿está bien, morochita? –dijo Adán en tono conciliador y condescendiente.

-Gracias, mi vida –contestó Eva, abriendo súbitamente la puerta-. Eres un sol, un bizcochito, un turroncito de azúcar, un papazote... –le contestó Eva rodeándolo con sus largos brazos y besándolo apasionadamente...

 

 

ESCENA NUEVE:

Adán y Eva comen del fruto prohibido.

 

-Bueno, aquí estamos todos, mis amigos. Veo que has logrado convencer a Adán –dijo la serpiente mirando a Eva cuando ésta llegó acompañada por su esposo al punto convenido del encuentro.

-Sí –dijo Eva sin rodeos-. Pero apúrate antes de que nos arrepintamos. A esta hora al Señor le gusta caminar por ahí y no nos sentimos muy seguros haciendo esto.

-Tranquila, Evita. No va a pasar nada. A estas horas ÉL debe estar dándose una siesta  y ese cuentico de que morirán es carreta. Además, recuerden que a mí no me pasó nada –dijo para darles confianza-. Por el contrario, sabe Dios que el día que coman de este fruto, serán abiertos sus ojos, y serán como ÉL, sabiendo el bien y el mal. Es pura envidia –les dijo la serpiente al tiempo que le alargaba a Eva el codiciado fruto prohibido para que de él comieran.

-¡Qué sabroso, Adán! Es lo más delicioso y maravilloso que nunca antes probara. Toma tú también, amor -dijo Eva, dándole a degustar a su marido, quien –sin vacilar - comió.

-Sí, muy rico -dijo Adán, empalagado-, pero –al segundo-, ¡Oiga, serpiente rastrera! –gritó confundido Adán restregándose los ojos-. ¿Qué nos ha dado a comer, maldita? Ahora descubro que estamos desnudos y sentimos vergüenza por ello. Ven, Eva, cubrámonos con estas hojas de higuera para que nadie nos mire –dijo con afanoso celo y temor, Adán. En eso oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire fresco del día.

 
 
 

 
     
 

la-arania.com - Todos los derechos reservados