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Entonces, en la casa, cabían los abuelos
Y en el patio, los niños dibujaban rayuelas.
La madre conducía la mano del pequeño
Que inauguraba letras inclinadas, parejas.
A las seis ya volvía el padre de su empleo
Y el mate lo esperaba con su dulce tibieza.
Era aquél un oasis, después de sus fatigas
Y en una mecedora, se reclinaba ella.
De la calle se oía la risa de chicuelos
Que alegres correteaban en la extensa vereda.
No transcurría el tiempo mirando una pantalla
Que ya no tiene horarios para ajar la inocencia.
La honradez era escudo de moral y conducta
Apellido y familia, nuestro mejor emblema.
La evidencia revela que hubo muchos avances,
Sorprendentes hallazgos que nos legó la ciencia
Y mientras el espacio se iba contaminando,
Progresos asombrosos nos transfirió la técnica.
Ahora, que no viven en casa los abuelos
Y los niños no pueden jugar en la vereda,
Los psicólogos dicen que hurguemos en la infancia
Y los sabios sugieren: ¡Cuidemos el planeta!
Hilda Norma Vale |
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