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Estaba
el diablo mal parado
en la esquina de mi barrio
ahí donde dobla el viento
y se cruzan los atajos.
Al lado de él estaba la muerte
con una botella en la mano.
Me miraban de reojo
y se reían por lo bajo.
Y yo que esperaba no sé a quién
al otro lado de la calle del otoño
una noche de bufanda
que me encontró desvelado,
entre dientes oí a la muerte
que decía así:
"Cuántas veces se habrá escapado
como laucha por tirante
y esta noche que no cuesta nada,
ni siquiera fatigarme,
podemos llevarnos un cordero
con solo cruzar la calle".
Yo me escondí tras la niebla
y miré al infinito,
a ver si llegaba ese
que nunca iba a venir.
Estaba el diablo mal parado
en la esquina de mi barrio,
al lado de él estaba la muerte
con una botella en la mano.
Y temblando como una hoja,
me crucé para encararlos,
y les dije: "Me parece que esta vez
me dejaron bien plantado".
Les pedí fuego y del bolsillo
saqué una rama pa´convidarlos
y bajo un árbol del otoño
nos quedamos chamuyando.
Me contaron de sus vidas,
sus triunfos y sus fracasos,
de que el mundo andaba loco
y hasta el cielo fue comprado.
Y más miedo que ellos dos,
me daba el propio ser humano.
Y yo ya no esperaba a nadie,
y entre las risas del aquelarre
el diablo y la muerte
se me fueron amigando.
Ahí donde dobla el viento
y se cruzan los atajos,
ahí donde brinda la vida
en la esquina de mi barrio.
Gustavo Napoli
-La Renga- |