POEMAS

LAS CUARENTA

 
     
  Con el pucho de la vida
apretado entre los labios,
la mirada turbia y fría,
un poco lerdo el andar,
dobló la esquina del barrio
y, curda ya de recuerdos,
como volcando un veneno,
esto se la oyó acusar:

Vieja calle de mi barrio
donde he dado el primer paso,
vuelvo a vos, gastado el mazo
en inútil barajar,
con una llaga en el pecho,
con mi sueño hecho pedazos,
que se rompió en un abrazo
que me diera la verdad.

Aprendí todo lo malo,
aprendí todo lo bueno,
sé del beso que se compra,
sé del beso que se da;
del amigo que es amigo
siempre y cuando le convenga,
y sé que con mucha plata
uno vale mucho más.
Aprendí que en esta vida
hay que llorar si otros lloran,
y si la murga se ríe, uno se debe reír;
no pensar, ni equivocado,
¿para qué?, si igual se vive,
y además corrés el riesgo que te bauticen gil.

La vez que quise ser bueno,
en la cara se me rieron.
Cuando grité una injusticia,
la fuerza me hizo callar.
La experiencia fue mi amante,
el desengaño mi amigo.
¡Toda carta tiene contra
y toda contra se da!

Hoy no creo ni en mí mismo,
todo es grupo, todo es falso,
y aquel el que está más alto
es igual a los demás.
Por eso no has de extrañarte
si alguna noche borracho
me vieran pasar del brazo
con quien no debo pasar.

Letra: Francisco Gorrindo
Música: Roberto Grela
Intérprete: Adriana Varela
 
     


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