PROYECTO

HERÁLDICA

 

DEFINICIÓN BÁSICA

     Rama del conocimiento dedicada a la historia y la descripción de los escudos de armas. Procede de la palabra heraldo cuyo significado original fue 'mensajero de guerra', 'intérprete' y después pasó a 'funcionario del Ejército'.
     El diseño de un escudo de armas consta de varias partes, entre las que se incluyen las siguientes: el escudo en sí, el casco o yelmo, la cimera, el lema o voz de guerra, el manto, los tenantes y los lambrequines. De todas ellas, el escudo es el identificador personal. Todo el conjunto recibe el nombre de timbre de armas. La descripción adecuada de un escudo de armas implica el uso de un preciso vocabulario heráldico que procede del siglo XIII.
     El escudo de armas se distingue del escudo normal en que lleva un dibujo de armas, y por lo general guarda la forma de un escudo convencional, excepto el oval de los eclesiásticos, y el de las damas, que adopta la forma de losange. Para facilitar su descripción, los heraldos dividen el escudo de arriba a abajo en tres áreas -jefe, centro o abismo y punta- y de derecha a izquierda (de su titular) en diestra, media o palo y siniestra. El escudo ostenta varias piezas o figuras, representadas en esmaltes o colores.
     El término esmalte incluye la representación de metales, colores y forros. Los dos metales de uso común son el oro y la plata, el primero representado por pintura amarilla y el segundo por pintura blanca; en los dibujos o grabados en blanco y negro, el oro se representa mediante pintura blanca con unos pequeños puntos negros; la plata, por pintura blanca plana. Los principales colores son: gules (rojo), azur (azul), sable (negro), sinople (verde) y púrpura. Una pieza blasonada o pintada con el color natural del objeto al que representa, se dice que es apropiada. Los forros son armiños o veros (ardillas). Los colores y forros se dibujan mediante sombreados y figuras convencionales.
    Figuras simbólicas y ornamentales similares a las de la heráldica se han utilizado como emblemas nacionales o tribales desde la antigüedad. Así, por ejemplo, los romanos utilizaron el águila y los franceses el león y, después, la flor de lis. La práctica de llevar divisas personales de armas en los escudos y estandartes comenzó en la época feudal, cuando el caballero, con la cota de mallas y el rostro cubierto por la visera de su yelmo, necesitaba ser reconocido a distancia tanto en los torneos como en las batallas. Esta identificación personal gustó y se extendió su uso a agrupaciones eclesiales, artesanales, comerciales, municipales y otras instituciones; después los burgueses y campesinos también adquirieron esta práctica. En ningún país el uso de un escudo de armas ha sido privilegio reservado a la nobleza.
     La elección del escudo y su ornamentación era libre siempre que no repitiera otro existente; cosa lógica ya que con él se pretendía reflejar la personalidad del propietario. Hasta el siglo XIV cada individuo marcaba su escudo, pero después algunas familias, que habían adquirido cierto renombre bien en su oficio bien por recibir distinciones, decidieron hacerlo hereditario, práctica que se generalizó.
 

 
     
 

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