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DEFINICIÓN BÁSICA
Obras
literarias o artísticas publicadas.
Sus orígenes pueden establecerse en las tablillas de
arcilla y piedra y en los cilindros poligonales de los antiguos reinos
asirios y babilónicos, o en las tiras de bambú de los primeros escribas
chinos. Casi todos los especialistas, sin embargo, prefieren considerar
los rollos de papiro como los verdaderos precursores de las
publicaciones. Ya en el año 600 a.C., los escribas habían copiado
poemas, discursos y oraciones en estos rollos de papiro para venderlos
con unos precios muy elevados.
Es probable que fuera en Grecia donde por primera vez
se vendieron de forma regular obras literarias, gracias a los discípulos
de Platón, que vendían o alquilaban la transcripción de sus discursos.
En torno al año 250 a.C., Alejandría se convirtió en
uno de los mayores mercados de libros del mundo. Las primeras
publicaciones y ventas de libros se debieron a la gran biblioteca de
Alejandría fundada por Tolomeo I.
La consolidación de China como imperio, llevada a cabo
por la dinastía Qing en el año 221 a.C., creó las condiciones necesarias
para un comercio de libros a gran escala, comercio que se vio de nuevo
impulsado por la elaboración del papel en torno al siglo I d.C.,
reemplazando con gran rapidez el bambú, la seda, y la madera como
materiales sobre los que escribir.
En la Europa medieval eran frecuentes los vendedores de
libros ambulantes, aunque durante la alta edad media la producción de
libros era, en esencia, monopolio de los scriptoria, o habitaciones de
escritura de los monasterios. Durante algunos siglos las publicaciones
escritas en los monasterios se producían para uso exclusivo de los
monjes o de sus discípulos seglares. Por lo tanto, durante siglos, el
conocimiento de la lectura y la escritura quedó confinado a los
clérigos. Más tarde, debido a que algunos príncipes habían sido educados
en monasterios, las bibliotecas de los reyes y los nobles se llenaron
con manuscritos de literatura.
En la baja edad media la venta de libros se vio
fomentada por el crecimiento de las universidades, sobre todo por las de
París (1150) y Bolonia (1200). Las universidades controlaban la
preparación de los libros de texto y de obras literarias, y también
determinaban la tasa de producción y venta. Los libreros, denominados
stationarii, solían ser funcionarios de la universidad o licenciados.
La publicación y venta de libros se inició en 1440 con
la aparición de la imprenta con caracteres móviles. El editor más
influyente de este periodo fue Aldo Manuzio, de Venecia. También destaca
en este periodo el editor-vendedor William Caxton, que montó una
imprenta en Westminster, Londres, en 1476 y que fue el primero en
imprimir publicaciones escritas en inglés.
Las editoriales modernas surgieron en el siglo XVIII,
cuando en Inglaterra aparecieron las imprentas que editaban todo tipo de
literatura.
La industria de la publicación creció en tamaño y
alcance durante el siglo XX.
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