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Los
celtas veían en los árboles no sólo la esencia de la vida sino que
también tenían una importante vinculación a la filosofía y a la
religión.
Un mito germánico cuenta que Odín, el padre de todos los dioses, encontró
dos árboles que eran arrastrados por la corriente, y que con ellos creó la
primera pareja humana: el hombre a partir del fresno y la mujer, del olmo.
Los celtas veneraban a los árboles pues creían que los dioses habitaban en
ellos. Cuidaban bosques sagrados en los que se rendía culto a los árboles y
a una gran divinidad femenina, madre del Cielo y de la Tierra, representada
por una mujer joven (el sexo), una mujer madura (la creación) y una mujer
anciana (la muerte).
Idearon una especie de horóscopo conformado por 21 árboles en el que cada
uno se corresponde con un lapso del calendario y con una caracterología
especial. Era utilizado para establecer un pronóstico sobre el carácter y el
destino de las personas.
De los 21 árboles que lo componen, cuatro tienen un día determinado. Dos de
ellos se relacionan con los equinoccios y los otros dos con los solsticios. |